I
Siempre que te busque
anidaré de más en las esquinas de mi habitación
muerto
colgaré sin vergüenza entre esa urdimbre que son tus extravíos
mostrando descaro de insecto y voluntad de cuadro
y ahí muerto
muerto demasiado
mientras te vistes de nuevo y finges no verme y él finge también
podré tomarte la palabra
con sus sobras
enterrar todo lo que en principio no signifiqué
todo lo que disipé pensando en que este lugar
(-sobre el final-)
siempre estuvo perdido.
II
Mismidad
La pregunta que aqueja los sentidos es
algo más que una sospecha
es la deuda de un postor con el azar y la lógica
de números escasas veces bienvenidos.
La pregunta que aqueja los sentidos es
algo más que nuestro espinazo
es uno hecho palabra
cuando la palabra calla.
III
Ella
vuelve derrotada
con el sigilo de un vuelo
vuelve
me mira
no soy
jueves, 21 de junio de 2007
miércoles, 20 de junio de 2007
Distancias

Ese día, mientras dormías, me di la licencia de medir tu sonrisa: son exactamente siete centímetros. Siete. La mitad del infinito.
Lo supe desde entonces, pero solo ahora que la recuerdo suspendida fuera de tu rostro entiendo por qué nunca aparece completa en una fotografía y por qué llevo la mitad de mi vida perdido en ella.
Otro lado

He reemplazado la pregunta
¿por qué no aparezco en las fotos que dejaste en mi habitación?
por su revés
¿por qué ahora me veo sosteniéndolo todo, frente a ti y las demás cosas de más, por qué me veo verte y verme viéndote mientras pienso que no apareceré en las fotos que dejarás en mi habitación, mientras sigo fuera?
martes, 19 de junio de 2007
Juntar palabras

De una manera u otra están aquí. Unas, otras.
Algo faltaba antes, cuando las cosas estaban en su sitio. Podía ver que todo pasaba muy despacio por fuera, que nadie acudía realmente y que las soledades no pueden recibir exponentes. De regreso, estrechar sonidos permanentes no podía menos que postergarse: quedaba fuera siempre una mentira:
Algo faltaba antes, cuando las cosas estaban en su sitio. Podía ver que todo pasaba muy despacio por fuera, que nadie acudía realmente y que las soledades no pueden recibir exponentes. De regreso, estrechar sonidos permanentes no podía menos que postergarse: quedaba fuera siempre una mentira:
...eran las palabras o las mentiras, nunca ambas. Y era verdad que eran mentiras...
Sentir su inevitabilidad, desde luego, no era resultado y mucho menos indicio de nada que no fuera la mínima presencia, siempre tan discutible como innecesariamente trascendente, del paso del tiempo, de mi vitalidad en cualquiera de sus regresos (aún me debo, y ahora que lo considero en frío quizá más que de costumbre, una arqueología de esos deshechos). Con la objetividad que no me caracteriza, sostengo alguna de las miserias de la madurez para justificar el miedo sin más. Podría también transformar lo menos posible (con tal de dejar fuera del cuadro aquel perfil de frente) las condiciones de posibilidad de las caídas y tentar simulacros en los que ambos nos encontramos sin querer y nunca nos vamos. Podría.
Lo escribo, entonces; nuevamente junto las palabras -y podría. Sin querer-.
Sentir su inevitabilidad, desde luego, no era resultado y mucho menos indicio de nada que no fuera la mínima presencia, siempre tan discutible como innecesariamente trascendente, del paso del tiempo, de mi vitalidad en cualquiera de sus regresos (aún me debo, y ahora que lo considero en frío quizá más que de costumbre, una arqueología de esos deshechos). Con la objetividad que no me caracteriza, sostengo alguna de las miserias de la madurez para justificar el miedo sin más. Podría también transformar lo menos posible (con tal de dejar fuera del cuadro aquel perfil de frente) las condiciones de posibilidad de las caídas y tentar simulacros en los que ambos nos encontramos sin querer y nunca nos vamos. Podría.
Lo escribo, entonces; nuevamente junto las palabras -y podría. Sin querer-.
Y nunca nos vamos. Las palabras o las mentiras. Unas, otras.
lunes, 18 de junio de 2007
Evolución de las necesidades

En primer lugar, fue el cuerpo (constátese esta afirmación en dibujos rupestres o en documentales de animales en extinción). Entonces, aquí, primero, fueron los estados: estar al lado de alguien, encima o debajo; luego, nuevamente aquí, los procesos: niños originales, adultos hechos de glándulas, ancianos arrugados por dentro.
En segundo lugar, fue el alma (constátese esta afirmación observando con ingenuidad controlada y cierta circunspección los primeros versículos de su libro de cabecera favorito sea cual fuere la religión que profese, e incluya sin temor ateísmos recalcitrantes o gnosticismos superados). Aquí ya no hay primeros o segundos, sino simplemente negaciones de orden, paraísos artificiales: niños envejecidos, adultos adultos, ancianos demasiado sabios para ser ciertos: el espiral en el que hemos caído también demasiado. Si todavía se pretende una cartografía de esta etapa del desarrollo de nuestro soma, puede intentarse traducir un catecismo al lenguaje más pornográfico del que se sea capaz. Lo más probable es que la tarea sea intolerable desde el primer párrafo; Dios quiera que así sea.
En tercer lugar, nosotros (constátese esta afirmación con un encarte publicitario). Problema: la imposibilidad del aquí.
lunes, 11 de junio de 2007
La vista fuera
i
vistazo echado
en la penumbra del final de tu imagen
en los márgenes de una palabra trastocada
sin mí debajo
de tanto espesor fatigado
espero las señales lejos de algún tiempo
el camino vuelto a sí mismo
marcando tu contemplación.
ii
Promesas
La negación de la voz
supone aliento
un cuerpo de pie resignando segundos en su vientre
malversando las posibilidades que cada tanto le otorga
en plural
un coro de ojos y necesidades, un paso
lejos de toda orilla.
iii
tras los lugares anteriores
aún permanece mi esfuerzo
lóbrego suceso tentando miembros a una justa perpetua.
Aún eres cada estadía perdida en su equilibrio…
los ecos son el otro lado. La busca…
Y si el lamento aparece alto,
si estoy de regreso, menos aquí, es para pulir las mentiras alargadas
como los jirones de mi sombra
por la eternidad y
otra eternidad además, menos consecuente
que descolla ausentes los horizontes
uno frente al otro
y para cada uno.
iv
mañana y ayer
advertiremos juntos el final
y nos sentaremos a verlo empezar
cuidadoso, esquivando las certezas que buscan un nuevo comienzo.
vistazo echado
en la penumbra del final de tu imagen
en los márgenes de una palabra trastocada
sin mí debajo
de tanto espesor fatigado
espero las señales lejos de algún tiempo
el camino vuelto a sí mismo
marcando tu contemplación.
ii
Promesas
La negación de la voz
supone aliento
un cuerpo de pie resignando segundos en su vientre
malversando las posibilidades que cada tanto le otorga
en plural
un coro de ojos y necesidades, un paso
lejos de toda orilla.
iii
tras los lugares anteriores
aún permanece mi esfuerzo
lóbrego suceso tentando miembros a una justa perpetua.
Aún eres cada estadía perdida en su equilibrio…
los ecos son el otro lado. La busca…
Y si el lamento aparece alto,
si estoy de regreso, menos aquí, es para pulir las mentiras alargadas
como los jirones de mi sombra
por la eternidad y
otra eternidad además, menos consecuente
que descolla ausentes los horizontes
uno frente al otro
y para cada uno.
iv
mañana y ayer
advertiremos juntos el final
y nos sentaremos a verlo empezar
cuidadoso, esquivando las certezas que buscan un nuevo comienzo.
lunes, 21 de mayo de 2007
Abril sin consecuencias
Entiendo y sobre todo valoro las justificaciones privadas, las que son casi un murmullo: abril está fuera de mi camino y el inefable rastro de vacío que ha dejado en mi cabeza merece el pedazo de día que quiero calcinar en su nombre, o en la ausencia de su nombre. Abril equivale, en la sumatoria de horas que he sabido acumular, a dos corazones o al mío. En abril he querido mucho, quizá suficientemente, pero no he terminado de perdonarme en esos intervalos.
La prueba es que esta vez, hasta ahora, mayo ha resultado más de lo que esperaba y, dentro de él, he resultado menos. Estuve a punto de voltear hacia atrás, de buscar garantías en rostros esquivos (en un cuaderno está escrito su nombre): me arrepentí de lo que no hice pensando que lo había hecho. Pienso, cuando no resisto más, en el juicio que ella va a acomodar cuando termine de escribir esto, cuando termine todo.
Abril se ha ido como un sueño, el más cierto después de por lo menos tres años.
La prueba es que esta vez, hasta ahora, mayo ha resultado más de lo que esperaba y, dentro de él, he resultado menos. Estuve a punto de voltear hacia atrás, de buscar garantías en rostros esquivos (en un cuaderno está escrito su nombre): me arrepentí de lo que no hice pensando que lo había hecho. Pienso, cuando no resisto más, en el juicio que ella va a acomodar cuando termine de escribir esto, cuando termine todo.
Abril se ha ido como un sueño, el más cierto después de por lo menos tres años.
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