Dice, duda, pero dice:
-No es que me gustes. Solo es que...
Todo indica que le gusta.
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martes, 9 de marzo de 2010
jueves, 4 de septiembre de 2008
lunes, 1 de septiembre de 2008
Futurismo

Al imaginar el futuro, para lograrlo con precisión, recomiendo mirar con paciencia los alrededores y sus mayores promesas y transformarlas en mitos. Una vez en ellos, volver a imaginar el presente y sus mayores promesas y nueva vez construir un mito...
El futuro es el resultado del último exponente de aquellos trazos, y solo puede verse hacia atrás, como otra forma de la mentira.
jueves, 14 de agosto de 2008
Persistencia del acoso

Personajes: un abandonado, un perfil distante en alguna orilla siempre que sea del otro lado de, el mar en el medio (darle posibilidad de voz, negarle la de espacio), un odio equilibrio amatorio, los consejos desoídos de un psicoanalista, perpetuos intentos, perpetuos fracasos, esperanzas, principio del fin, fin del principio, negación.
Escenarios: Frente a frente (si alguna vez de espaldas, después del final, arma en mano)
Lectores: Han de sobreinterpretar.
Música de fondo: Plagio descarado, instrumental, del soundtrack de la primera película de Cassavetes.
Escenarios: Frente a frente (si alguna vez de espaldas, después del final, arma en mano)
Lectores: Han de sobreinterpretar.
Música de fondo: Plagio descarado, instrumental, del soundtrack de la primera película de Cassavetes.
martes, 13 de noviembre de 2007
La libertad de los libres

Como toda sana redundancia, esta también anuncia una ingenuidad: el mundo dividido en dos por principios más cercanos a la frivolidad que al instinto, y no hablemos ya de la razón o la gloria. Para todo libre existe la soltura antes que las reglas, y por eso, más que ejercer la voluntad, la reducen. Puede vérseles subiendo los pies a las sillas o agitando los dedos descalzos debajo de algún mantel que, ahí, es la cortina de un teatro bufo y socarrón. No es raro en ellos mostrar los dientes completos, como si hubieran tardado su vida coleccionando cada uno, al menor descuido de cada quien.
A los libres, recomiendo desde mi humilde esclavitud, debemos encerrarlos. Mostrarles en el ostracismo de una mazmorra que moverse no es suficiente, es solo el principio de un largo camino que termina con la mirada puesta en la oscuridad. Durante años de pronfundas meditaciones y sofocos producto de sueños sin lugar, aprenderán a contar de nuevo y recoradarán lo que los hizo ser lo que no son, lo que sin más terminarán siendo. Solo así, al abrirles la puerta para la verdadera libertad, ellos podrán demorarse un momento ahí dentro y hasta pedirle el nombre y el teléfono al carcelero, ese hombre que puede ser un buen amigo, y despedirse con el hola y el adiós de todos nosotros.
domingo, 4 de noviembre de 2007
Él también piensa que es una estafa

Me lo ha dicho. Las horas transformadas en billetes le parecen oasis de una geografía burocrática. Si el sonido de las monedas al caer en el fondo del cajón reemplazan al binomio tic-tac del reloj, y la antigua dicotomía entre el ser y el no ser agoniza cuando merman los ahorros de la conciencia, aunque la promesa sea una salud blanca que atenaza y resblandece compadeciendo las carencias del cuerpo, y no podamos más que renunciar cuando el final es el final del código ese, infinito y perverso que marca el perfil del héroe y lo reduce a miniserie, ni más que mirar anodadados el constante flujo de las vitaminas del capital, hay que bienvenir al etcétera, cancelar la cuenta del especialista que aguarda, con los espejuelos ajustados al cálculo, con una patada desde lo profundo de nuestro principio de inhumanidad.
miércoles, 19 de septiembre de 2007
Casualmente
miércoles, 12 de septiembre de 2007
Canciones para sordos
miércoles, 18 de julio de 2007
Dispuesto

Ahora que lo pienso, a propósito de, estar dispuesto a escribir resulta solo de un qué decir, un qué decir que pesa e interrumpe, satura y con esas desdobla la conciencia. Yo me veo escribiendo para escribir, así como escribo para verme y en cada caso eso es algo que resulta en texto, algo dicho. ¿Qué presencia (en grado, en consitencia) adjunta ese resultado? No hay posibilidad de una psicología del arte en este nivel (posiblemente sí en cuestiones de respuesta, pero estamos hablando de los principios). Una metafìsica de la creación, como hijo de mi tiempo, me escarapela. Habría que ajustar cuentas con el prefijo "meta" y obviamente con la fìsica. Una semiótica de la creación cae mejor siempre que los esquematismos brillen por su ausencia: ¿semiótica trascendental, entonces?, ¿una en la que el signo depende de la conciencia y de la coincidencia antes que de la ciencia? Quedaría, más o menos, como una semiótica trascendental del signo patafísico, una paralógica de la creación de la coinciencia.
Su objeto: ese algo que es el todo de la creación (panteísmo en parte)
Su sujeto: el que escribe mientras imagina e imagina mientras ve (parte dialéctico, parte sincrético)
Su método: cualquiera que respete la temporalidad negada de la disposición totalizante del fragmento germinal (subliminal, enhorabuena)
El en sí de nuestro campo de estudio existe en la medida de que, y no más.
lunes, 16 de julio de 2007
Criaturas lunares y caricaturas seculares

Digamos que un dibujo se encuentra en un divorcio con la realidad si la realidad es más armónica que el dibujo o viceversa. Digamos también que las caricaturas son los dibujos que mejor representan el arte popular de las urbes desproporcionadas e hipermodernas.
Entonces, podemos decir que
1. las ciudades se están quedando sin habitantes
1.1. los habitantes no se han mudado: se han vuelto transparentes
3. quedan pocas fronteras entre la realidad y lo real
3.1 introspecciones
3.2 vigilias y sueños sin solución de continuidad
3.3 cierto color del cielo en las afueras
4. el siglo naciente merece cada uno de sus bocetos
5. los dibujantes pueden errar cada trazo, que estamos buscando anticipar el colpaso
5.1 sin verdad
5.2 sin historia
5.3 sin final
lunes, 18 de junio de 2007
Evolución de las necesidades

En primer lugar, fue el cuerpo (constátese esta afirmación en dibujos rupestres o en documentales de animales en extinción). Entonces, aquí, primero, fueron los estados: estar al lado de alguien, encima o debajo; luego, nuevamente aquí, los procesos: niños originales, adultos hechos de glándulas, ancianos arrugados por dentro.
En segundo lugar, fue el alma (constátese esta afirmación observando con ingenuidad controlada y cierta circunspección los primeros versículos de su libro de cabecera favorito sea cual fuere la religión que profese, e incluya sin temor ateísmos recalcitrantes o gnosticismos superados). Aquí ya no hay primeros o segundos, sino simplemente negaciones de orden, paraísos artificiales: niños envejecidos, adultos adultos, ancianos demasiado sabios para ser ciertos: el espiral en el que hemos caído también demasiado. Si todavía se pretende una cartografía de esta etapa del desarrollo de nuestro soma, puede intentarse traducir un catecismo al lenguaje más pornográfico del que se sea capaz. Lo más probable es que la tarea sea intolerable desde el primer párrafo; Dios quiera que así sea.
En tercer lugar, nosotros (constátese esta afirmación con un encarte publicitario). Problema: la imposibilidad del aquí.
miércoles, 21 de marzo de 2007
Desencanto

Todos postergan el paraíso, pero hay grupos que celebran pasar la vida entera con el cuello partido hacia arriba. Son los primeros en señalar los estragos del desencanto, y la primera víctima no es otra que el placer: ahora el amor es solo sexo y el sexo una píldora anticonceptiva (extrañamente, no denuncian el lamentable ocaso del trabajo, que ahora es solo dinero, que ahora es solo un puntapié en el trasero de alguien y con suerte uno es el que da la patada).
Entre el bosque de falsos resplandores y retaguardias anestesiadas, la individualidad: el desencanto no garantiza ninguna mayúscula ni la cálida lumbre de una verdad frente a la chimenea, no augura eternidades ni una existencia intensa, pero sí posibilita un final de año en el que podemos detenernos y decir, lejos de las catorce cabezas de la hipocrecía: ese de ahí soy yo y con suerte podré llegar a conocerlo.
Que quede claro si todavía es un dilema: no es un desencantado quien cree que las cosas han perdido un toque mágico, sino quien cree que jamás lo tuvieron. ¿Qué es el amor con minúsculas, por ejemplo? El amor es lo que te hace cambiarle el nombre al placer. No es que no exista, no es que sea peor que antes: simplemente su valor es nominal, sin ofender. Si brilla o no dependerá de la habilidad del etiquetador. Jamás se ha visto a un desencantado enfrascado en una riña por lo que las palabras contienen. Eso es más o menos obvio, dado que el desencanto sí es, en contra de lo que muchos creen, una ideología. El desencanto es una ideología nómade y casi autista.
Se comparte, eso sí, el repudio por ciertos desplantes facilistas; sin embargo, hasta los colores más chillones que han sabido compartir todas las generaciones son respetables si es que la finalidad es permutar los imperativos categóricos por una mano o un cabello perdido en una almohada. La música tiende a ser, con el tiempo, más o menos la misma.
lunes, 19 de marzo de 2007
Inauguración

El mundo acabará cuando no quede nada más que citar, reflexionan algunos de mis compañeros, cuyos nombres reservo para evitar el ridículo colectivo. Ese día está cerca, me toca responder. Las teconologías virtuales están impulsando la cultura de la intertextualidad en grados incontrolables, de tal manera que la palabra fundacional es cada vez más prescindible: todo ha sido dicho, se ha dicho, y con mucha convicción se asume esa premisa. Pero la cuestión real es que ya no hay tiempo ni espacio para el olvido: coloca la palabra en la barra y listo. ¿Para qué añadir más al cántaro?, se preguntan los más adecuados. Para eso están las comillas.
Somos finitos en nuestra forma de representarnos y, sin embargo, la proliferación de los textos virtuales será infinita. La constatación creó el cáncer.
Frente al encierro, yo soy más anacrónico, lo que en este contexto significa muy poco, si es que no significa lo contrario a lo que originalmente significaba. Al pavor a la superficialidad de los discursos repetidos frente a la institución de los sentidos heredados por las mentes consideradas más brillantes, le sumo uno anterior: el miedo a que la institución de las palabras estanque las posibilidades de representación que, creo yo, todavía quedan.
No todo está dicho. Las palabras son abstractas, pero no sus condiciones de posibilidad. Lo mismo, podrían refutarme, vale para las citas. Sí y no. Las comillas pueden no ser suficientes, no si se utilizan para encerrar la cita. Hay un ejercicio delicado, generalmente omitido, que posibilita encerrar una cita y abrirla.
Recomiendo escribirla de nuevo después de haberla olvidado bien.
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