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viernes, 14 de mayo de 2010

Unas palabras

Dado que tu vida no es una obra maestra, no veo por qué no puedes resumirla.

viernes, 23 de abril de 2010

Arte de no estar

Imagino un escenario copado, pero las butacas vacías y a una actriz mirando solo uno de los tantos asientos. Y también imagino un obra a punto de comenzar. Lleno total. Mi cabeza entre centenares esperando a que al menos un pedazo del escenario quede libre del decorado y los actores, esperando a que al menos me dejen un ladito para imaginarla.

domingo, 18 de abril de 2010

El aprendizaje de la distancia

El ideal de la amistad es volvernos a todos animales los unos a los otros, relacionarnos de esa manera que pone en suspenso la decisión de sentir para solo sentir. Eso, lamentablemente, es imposible en una ciudad como la nuestra: hemos heredado el aprendizaje de la distancia precisamente para juzgar. No nos cansamos de pedir, entre bocinazos, condominios y preguntas retóricas, unos metros para respirar mejor, abrazar vía correo electrónico y decirnos hola y sobre todo adiós.

jueves, 8 de abril de 2010

Dedicatoria

Pensaba llegar y encogerme al calor de una hoguera encendida con estas palabras, pero estás fría y tu nombre no me permite más que un reclamo vacío.

Citar

¿Y si convoco las palabras de alguien que se parece a mí? ¿Qué fundamenta ese parecido?

Otra cita, tal vez; la locura del Quijote es solo la locura de ser.

viernes, 19 de marzo de 2010

De la A a la Z

Una palabra más para el silencio.

lunes, 4 de enero de 2010

Lo nuevo

Me propongo un segundo. Me propongo estar, tal vez escribir, tal vez estar y escribir y estar por sobre todas las cosas. Un segundo. Me propongo: nuevo de nuevo.

martes, 10 de noviembre de 2009

Cuando escribo

Cuando escribo me acompaño solo.
Puedes verme estirando un brazo hueco
hacia tu lado y comprobar
que nada es preciso en un encierro como este.

Como sea no
es de tiempo la caída.

martes, 18 de agosto de 2009

Porque la memoria

es una almacen de repeticiones que odiamos porque sabemos de qué van y de qué vienen y todo ello nos circula pasivo por las venas, sangre negra, espesa, para el dios de nuestros días dulce, su infinito recuerdo nos contiene y se atraganta. Lo recuerda todo: el paso, el segundo y la caída.
Yo tengo hambre de aquello, porque soy cada vez diferente y para cada vez hay un dolor único, y ya va siendo bastante, es hora de ver cómo sufro y no sufrir más.

No recuerdo quién soy


a veces. Volteo el rostro y hay alguien de pie, calladito, haciéndome una señal. No logro distinguir si me saluda o se despide. Me acerco: se aleja. Podría ser mi reflejo, me digo, pero tal cosa no existe, me digo también. Y entre tanto y tanto, la vista nuevamente al frente, la figurilla ya es casi un punto en el horizonte, debo hacer un esfuerzo sobrehumano para imaginar su contorno y conjurar el misterio al que se ha visto reducido. Y la imaginación es una luz. Y la imaginación es una fuente por la que brota, ahora locuaz, quien me estaba siendo tan esquivo. Pienso nuevamente en mi reflejo, pero antes de que pueda confirmarlo, me saluda y empezamos a charlar. Así. De cualquier cosa. Alguna vez o quizá todos los días y lo he olvidado.

domingo, 9 de agosto de 2009

Ideal sin luz


Mi mujer ideal guarda un secreto, algo que todos los demás podrían ver si quisieran, pero que para mí estará siempre vedado. Lógicamente, no sé lo que es y, lo que resulta una prueba decisiva de mi amor, no necesito saberlo. Algunas veces me deja ver un pedazo, la promesa de una mujer completamente nueva, pero el miedo que me invade en esos instantes es suficiente para que vuelva a encogerme y lo deteste tanto como lo desee. Me acerco, la rodeo con los brazos y casi puedo sentir los dos cuerpos, el falso que me da calor y el pequeño y profundo que me provoca caminar derecho hacia la muerte. Huir de mí mismo para averiguarlo. Hacer de la ignorancia, de sus pasos siempre adelante, un camino seguro. Perseguir aunque nada sepa, con la pretención de seguir ignorando todo menos lo único importante: que es ella, mi mujer ideal, la que me lleva dormido.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Razones personales


Si alguna vez vivo, me gustaría que mi vida pudiera soportar como música de fondo aquella canción un poco larga, en dos partes, con un cambio de ritmo único, que comienza sin darse a notar como la maravilla que sobre la mitad se presiente, pero que, sobre el final, nunca, no es, se acaba.


Porque si alguna vez vivo, yo, no puede haber más que el sonido de mis propios silencios y nada tan vil como una generación o la pose ennegrecida de los que solo miran hacia arriba como si hubiera un abajo, como si qué, ellos, que nada son y mucho menos su insípida moda que es solo una total falta de imaginación.


Porque es preferible la desnudez.

domingo, 22 de julio de 2007

Fobias


a ser el hermano menor del mundo


a ser el empleado del mes cada dos meses


a ser un poco más victimario que víctima


a los pelos entre mis dedos


al ecosistema de los carteles que lo escriben con mayúsculas


a los edificios y sus lunas sin nada detrás


a los dueños de los perros y a los perros de los dueños


a despertarme siendo un experto en sintaxis generativa


a olvidar o a recordar solo lo pasado


a los personajes de cine en mis espejos


a ciertos domingos que empiezan en la noche y terminan en la mañana, en el trabajo


a las hojas de ruta que tan bien sé hacer


a mí cuando me traiciono


a ti hasta que me traicionas


al amor delatado


a la vida extraterrestre


al mañana de hoy y al hoy de mañana


a todo lo que está debajo


a las tarjetas de cumpleaños


a las malas intepretaciones hechas con buena voluntad y a las buenas interpretaciones hechas con mala voluntad


a la mentira que es ficción y a la ficción que es mentira


a los juicios, privados o populares


a las necesidades navideñas


al final de cada canción


a la competencia desigual entre personas y gente competitiva


a las caricaturas no profesionales


a la nostalgia sin pasado


a la continuidad de los parques


a cada una de mis fotografías


a ella, la que está lejos


a los héroes, intelectuales y políticos perfilados en los billetes


a las noches en las que he comenzado a pensar y me he quedado dormido


a las mañanas siguientes


a los inventarios


a completar la media noche


a mis manos cada vez más


a la diversión y a sus indomables esbirros


al corralito


a la posibilidad de todo gremio


a las malas artes y a las bellas

miércoles, 18 de julio de 2007

Dispuesto


Ahora que lo pienso, a propósito de, estar dispuesto a escribir resulta solo de un qué decir, un qué decir que pesa e interrumpe, satura y con esas desdobla la conciencia. Yo me veo escribiendo para escribir, así como escribo para verme y en cada caso eso es algo que resulta en texto, algo dicho. ¿Qué presencia (en grado, en consitencia) adjunta ese resultado? No hay posibilidad de una psicología del arte en este nivel (posiblemente sí en cuestiones de respuesta, pero estamos hablando de los principios). Una metafìsica de la creación, como hijo de mi tiempo, me escarapela. Habría que ajustar cuentas con el prefijo "meta" y obviamente con la fìsica. Una semiótica de la creación cae mejor siempre que los esquematismos brillen por su ausencia: ¿semiótica trascendental, entonces?, ¿una en la que el signo depende de la conciencia y de la coincidencia antes que de la ciencia? Quedaría, más o menos, como una semiótica trascendental del signo patafísico, una paralógica de la creación de la coinciencia.


Su objeto: ese algo que es el todo de la creación (panteísmo en parte)


Su sujeto: el que escribe mientras imagina e imagina mientras ve (parte dialéctico, parte sincrético)


Su método: cualquiera que respete la temporalidad negada de la disposición totalizante del fragmento germinal (subliminal, enhorabuena)


El en sí de nuestro campo de estudio existe en la medida de que, y no más.

sábado, 14 de julio de 2007

El Dr. MTC por él mismo (1)


Reproducción íntegra de la primera parte de la última entrevista dada por Marco Tulio Capica en medios televisivos, sin las partes prescindibles, es decir, sin las preguntas del periodista culturoso. Pueden limitar su imaginación tratando de adivinarlas.


Respuesta: Podría resumirlo así: yo no respiro aire, yo respiro olores.


Respuesta: Si me dejas pensarlo un momento, tampoco te lo respondería. Pero podrías conocer mi cara mientras medito. Eso también es interesante.


Respuesta: Mi vida personal aparece en mis obras de la misma manera como las huellas digitales del ladrón en las escena de un crimen.


Respuesta: Se lo debo a mi madre, aunque no me lo creas.


Respuesta: Mira... No sé si ansiedad de la influencia... Ahora veo, sobre todo, ansiedad de la competencia. Es más vil y menos útil desde cualquier punto de vista.


Respuesta: Lo que he dicho está explicado en cada palabra y obviamente en todas juntas. Si te digo más, te digo otra cosa, y solo quiero decir lo que dije.


Respuesta: Me parece que es útil en la medida en que lo precedan algunas confirmaciones de otra índole, menos psicológica, si quieres. Solo así vale la pena tanto esa actitud como el centenar de enemigos que te compras con ella.


Respuesta: Admiro a muchos, pero sobre todo a sus libros. El escritor y el libro, cuando este es logrado, son realidades disociadas en casi todo lo que hace del escritor una persona decente. Por eso me puedo llevar bien con los libros, pero difícilmente con los escritories.


Respuesta: Vale como respuesta la que te di hace un momento.



Respuesta: Sí, esa.

Respuesta: Puede ser. Te regalo la posibilidad.





Respuesta: Siempre que entiendas por paz no una quietud de ánimo, sino la represión salvaje de la guerra.




Respuesta: El estilo no es otra cosa que la parametración absoluta de las decisiones escriturales. Lo que burdamente se conoce como inspiración es el caos y eso no es, nunca, libertad. La libertad puede surgir tanto de la rigidez más obtusa como del caos mismo, pero no es equivalente a ninguno de las dos. La libertad, como producto de una lucha, se gana constantemente y de manera más firme siempre que se conozcan las reglas que se están trasgrediendo.




Respuesta: ¿Alguien los conoce?... No lo tomes como un juicio de valor, por favor. Yo también soy un perfecto desconocido y sabes bien lo que opino de mi arte.




Respuesta: Porque tengo otras cosas que leer, simplemente. Las canteras de las que saco todo lo que escribo ya son, de por sí, inconmensurables. Hay aventura suficiente por esos linderos. Qué más puedo decirte... No somos eternos, ahí está la necesidad del arte, el hecho de que este sea tan atractivo e interesante, una constante pregunta por las miserias de la finitud y su negación atrevida y bastarda de por sí. Imagínate el arte de los dioses... Una pedantería absoluta y finales predecibles.




Respuesta: No tengo traumas más allá de los que me invento. El trauma es una facilidad de los psicólogos. Un grosería. Es como que el médico se detuviera en hacer teorías sobre los moretones, algo tan sencillo.




Respuesta: Estaba borracho.




Respuesta: También estaba borracho... y enfermo creo. Una de mis gripes anuales.




Respuesta: No, las borracheras son más frecuentes.




Respuesta: Trabajo en una novela, que es lo mismo que decir que no trabajo en nada en absoluto. Así es como las trabajo, distraído de su importancia. Si no, me queda muy solemne, tiendo a serlo. La vida es más grave y más cómica de lo que se presenta. Al saberlo, he deteriorado algunas de mis posibilidades estéticas. Por eso planifico mis proyectos con mucho cuidado, a sabiendas de que al primer indicio tremebundo puedo caer en pontificaciones absurdas. Es mejor que las palabras caigan solas, por peso propio, como una necesidad de la propia obra más que como una necesidad mía.