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jueves, 29 de abril de 2010
Tramas inconclusas
Dilatar el momento previo a las explicaciones hasta el punto en que sea necesario no darlas.
viernes, 9 de abril de 2010
Inspiración/ expiración
Se escribe con el sonido de las cosas allá afuera y con el eco de esos sonidos acá adentro.
martes, 10 de noviembre de 2009
Cuando escribo
Cuando escribo me acompaño solo.
Puedes verme estirando un brazo hueco
hacia tu lado y comprobar
que nada es preciso en un encierro como este.
Como sea no
es de tiempo la caída.
Puedes verme estirando un brazo hueco
hacia tu lado y comprobar
que nada es preciso en un encierro como este.
Como sea no
es de tiempo la caída.
lunes, 3 de marzo de 2008
Quiebra

En toda ficción llega un punto en que todo lo que se ha dicho se vuelve insoportable; debe, por tanto, cambiar inexorablemente de dirección. Predidos entre insuficiencias o hartos de excesos, personajes y lectores capitulan con el sentido y le dan la oportunidad de que surja nuevo entre los escombros de la historia que había comenzado cautivando la atención con un guiño, tal vez con un perfil, pero que en el proceso en el que bajo supuestos debía quedar completa fue desgranando sus partes, invirtiendo sus beneficios, sus enmiendas hasta hacer de ellas el fondo sobre el que, desde el centro, centrífugo sí, todo se hará nada. Un castillo de nada. Un monumental homenaje a la fuga. Las presencias que, ida la ausencia, no son ni ellas mismas. Ni sombras ni su presentimiento. Rudimentos de una pregunta.
Rara vez algo sólido, pero se quiebra. Nos usa para separarse. La conciencia coincide y se separa también. Da la impresión. Es la impresión misma.
lunes, 5 de noviembre de 2007
Verdad en las muelas

Huye, poesía, letras, yo, otro y yo por si acaso: han venido a averiguar. Quieren de tus ojos extraer sonidos para predecir los quehaceres del día y sus abortos. Quieren mediata e inmediatamente culpables culparte de toda vez cada vez que te silencie, cada vez que me ampares para perderme entre esas sombras que, calladas sobre sí mismas, no se cansan de ver que no estamos en ninguna parte más que en ti.
sábado, 22 de septiembre de 2007
Identidad desconocida

Se trata de un caso repetido, pero interesante.
Un escritor fracasa redactando una primera novela, que hecha agua por todas partes: espacios poco significativos, giros argumentales gratuitos y carentes de expectativa, una filosofía mal enhebrada en parrafadas de monólogos sin el menor cuidado léxico... Sin embargo, un personaje, entre los tantos que se confunden o son la pálida versión de sus posibilidades, parece satisfacerlo, lo conmueve, no sin cierta justicia.
Pasan los años y, dada su patente falta de talento, decide abandonarse y ser él, el personaje que sobrevivió a la debacle, su único acierto como escritor y en general. Se comporta como él, adopta sus preferencias, ajusta sus modales a las parcas descripciones que de ellos se registraban en la novela: un poco de grácil misantropía, otro tanto de anarquismo sin compromisos, una aguda percepción de las circunstancias que lo redimen y que, precisamente por eso, evita.
De hecho, escribe, encuentra que esta vez la presión es menor, el personaje era un escritor fabuloso, un tipo tal que la escritura le emanaba como el sudor al resto de los mortales; hace de su vida una verdadera autocomplacencia.
Al final de sus días, cuando los otros personajes lo han desbordado y ha juntado tanto papel escrito como para hacerse un nombre en el medio -en el principio, en el final-, decide quemar todo, convencido de que esa era la manera más justa de terminar con un personaje, con un mal personaje.
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