domingo, 19 de agosto de 2007

Último abril

En tus manos


Esta noche vendrás como ayer. He prendido la lámpara que te gusta, la que te hace hablar sobre el pasado y sus profecías. Estarás quieta un momento, fingiendo que piensas, y luego olvidarás que te quiero mientras miras las nuevas fotografías. Yo, por mi lado, estaré en tus manos, rodando entre su sudor, porque no puedo esquivarlo, porque no me dejaste morir antes.

martes, 7 de agosto de 2007

Cómo sentir solo pena

Esa fue una pregunta que me hice durante mi última furia:
no buscaba más que perdonarme y la encontré cayendo, resonando
como una carta de plomo en el buzón viejo y sin fondo que espera
fuera de mi casa junto con los vientos roedores la respuesta
a lo que soy y sin más terminaré siendo:

una mujer que me siguió durante la noche
una mujer que decía saber los secretos innobles de mi familia
una mujer que era atractiva desde sus tinieblas más horrendas
una mujer con una silueta perpetuada en mis adentros, en mi infancia
una mujer de andar cansino, muerta de vida y de muerte

una mujer en la que advertí una lágrima,
pesada
lenta

la garúa de mi ciudad informe
bajo la que todavía duermo y sueño un despertar
a lo que soy y sin más terminaré siendo.

sábado, 4 de agosto de 2007

Más pruebas sobre la existencia de Dios

Amanecer así

(i)

Me he hecho solo,
ensimismado,
herido por una prisa no resuelta,
se dice,
duerme. Come
y duerme,
y no se permite un sueño.

(Las estrellas –arriba más arriba- siguen su curso inmóvil,
deletérea nocturnidad que lo observa impávida mientras
él esconde su cuerpo
del reloj.)

Aquí dentro el calor suda verdades.
Duermo.
No lo pregunto. No lo creo.

Prefiero en cambio sentarme callado
sobre imágenes.


Amanecer así será...

la boca
la cabeza vacía
hecha cenizas en el torrente.

Busca
antes de que el sol se confunda
con sus ojos,
el comienzo de mi voz insidiosa.

Entre penumbras,
un rostro,
una vocal.

(amanecer así...)

Languidece hasta confundirte
en los otoños acumulados.

Duerme.

Arriba, las estrellas empiezan a multiplicarse.

(ii)

Entre las piernas
reina el sueño
pienso el amanecer.

Pienso el amanecer
busco un nombre
ajusticiado por su anterioridad.

Saboreo la obscenidad de saberlo a pesar.

Las sábanas se levantan
un circo,
una pirámide,

un cohete
detenido por la atmósfera de calores inapelables,
yo.

Y a pesar,
la partida logrará este tiempo
la piel sebosa de mis párpados
no podrá montar
más homenajes

amanecerá.

Amanecer así será triste
Pero poco a poco dejo de oírme
y ese insulto sin destinatario
queda encerrado entre las cuatro paredes
me intimida
duermo.


Por dios

Antes que nada
que cualquier cosa
soy ateo,

lo que no quita
que sea nada: solo
lo posterga.

Así, cuando me veo jurando antes de confirmar
entre mis manos toscas, gordas,
fofas, como las de los ateos,
y te invoco
pienso:

existes para jurar,
quizá para que me perdone,

existirás siempre,
porque siempre juraré para que me perdone.

Desolado y sin más
recuerdo que soy ateo,
que los ecos de las iglesias
son claustros para mis mundanales especulaciones
sin amor.

Sin embargo,
sin embargo,
solo en aquel reguero
la sé presente, sé que
a pesar de,
por dios
y gracias a él,
no me molesta ser ateo.

Uso y abuso de los puntos suspensivos

Ayer leía
en el periódico
poesía.

Ayer leía
en las cartas de mamá
poesía.

Ayer leía
en mis apuntes
un recorte de periódico
un saludo de mamá.

De los atardeceres

I

Vuelve la pregunta sobre sí misma
en su cándido resplandor anidan cuervos
son las voces de otros sordos como ciegos
enterrados, en busca, de bruces, entre tanto.
Alrededor se agitan, huelen, subterráneos y explícitos
una justificación para sus huestes
sumos pontífices al nacer de un día

al nacer de un grito
siglas

Oigo que reclaman.

La voz enmudecida en sombras sigue quieta
la voz callada
busca una historia
ritual sin el peso de los hombres
tan de carne y tan de hueso.

Nadie más los necesita.
Nadie más es su virtud.

(Escrito y dirigido por Peta)

El día contigo


Si nos viéramos los dos solo un instante hablaríamos desde nuestros rostros aquella hora que sería un mes, una estación cálida, fría, definitiva y otra vez cálida, una vida entera, desde nuestros rostros, contra el tiempo, naciendo, inevitablemente viejos, muertos, abrazados.