jueves, 16 de septiembre de 2010

Digo

¿Cuánto vale una palabra? Hemos hecho un régimen político que la instaura por sobre nuestras capacidades: los contratos, las promesas, la fidelidad a uno mismo. Es demasiado para estos ladridos. El edificio social se edifica con cenizas; en el mejor de los casos, con arena. Porque, si soy lo que digo, a la primera contradicción dejo de ser. ¿O es la segunda?, ¿a partir de cuántas empiezo a irreconocerme?, ¿frente a quiénes?, ¿vale lo mismo una palabra frente al espejo que frente a un auditorio? Si no sabemos cuál es su valor, no sabemos cuál es el crédito. Y toda vida se vive al crédito.

Correo abierto

He descubierto que a mí lo que me gusta de la vida es esperar mensajes. Para eso, por supuesto, necesito una noticia que esté preparándose, tensa como una flecha, en otro lado. Necesito tiempo. Impaciencia. Que me prometan cosas. Que no las cumplan y que me las vuelvan a prometer con el arte de esta vez sí cumplo. Estar solo. Por que, eso sí: debo ser yo el destinador y el destinatario y en esa prestidigitación cuidar la atmósfera de la otredad, para que yo sea ese otro y ese otro sea yo sin remordimientos de por medio. Ahora bien, no todo puede ser armonía: en las distancias y diferencias, si bien no sería cómodo pelearme por completo, tampoco lo sería aburrirme con una sosa amistad que en todo coincide consigo misma. Es decir, es menester reconocerme en ese monólogo duplicado, pero también extraviarme. Después de todo, de lo que se trata es de esperar mi llegada, con la fe en que el perfil que asome entre líneas me sea totalmente familiar, pero que me cuente muchos secretos. El día en que no lo haga, seré una obra conclusa. La muerte es eso: un compendio de periódicos viejos y amarillentos mal amarrados en un basurero. La vida, por el contrario, es un sobre inmaculado, que asoma por el buzón, que espera ser abierto. Y tú sabes, siempre, quién lo envía, aun cuando no lleva nada escrito.

Honey, I'm Home

El ser humano es el único animal que puede naufragar sin salir de su casa.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Rutas

Sobre la faz de las acciones
un paso incierto desmentido
(tenue atmósfera del amor
de cada vista mía lejano)
a la lumbre de una única estrella
brillando la esperanza de no ser alcanzado.

Aliento

Señalo tu silencio
con un dedo
en el espejo del baño
en él escribo nada.

De la mano del destino

Durante la infancia, el destino encarna las formas más inverosímiles: los padres, la mordida de un perro.

Variaciones Lisboa

Llegaré a la muerte, pero no a una conclusión.