viernes, 1 de octubre de 2010

Disputas entre el yo y el tú

Pongamos por caso que yo soy a partir de Rousseau; pongamos por caso que alguien es a partir de Nietzsche. La pregunta se cae de madura: por qué ser a partir de X y no de Y: ¿qué hay detrás de la voluntad de la máscara? No hay principios de articulación para el imitador. La respuesta está, triste hado, en el Quijote. La respuesta está, tal vez, en nosotros mismos.

Separaciones y saturaciones

Donde algunos ven solo ego, Rousseau distingue amor propio y amor de sí. Hace la operación natural del intelectual: divide donde otros ven solo una cosa. La pregunta es ¿dónde queda hoy espacio para dividir? Todo está hiperdividido. Además, dado que las operaciones subyacentes al develamiento de la verdad están tan expuestas, ¿cómo seguir utilizándolas como si estuviéramos colocando una cosa delante de los demás, cuando lo que estamos haciendo es claramente una operación retórico-semántica?

Crítica

Las personas alejan con un simple calificativo a quienes los critican e inmediatamente dejan de conocerse.

Importancia de las palabras que importan (automáticamente)

En ese caso, pensemos en las preguntas: es el punto de apoyo del movimiento de todo el orbe. Y no pueden ser más ni menos que palabras.

Ahora bien, la pregunta es, también, un momento, un espacio. No es tanto alguien quien hace la pregunta, como el tiempo que se pregunta por sí mismo a través de ti. Así fue cuando alzaste la mano en el salón. Así será cuando viejo mires al cielo y preguntes, como todo niño, por qué.

Siendo así, la palabra, el lenguaje, existen para actualizar el programa este que llamamos mundo. Automáticamente. Y la belleza que despierta el ímpetu del tábano que se estrella contra lo ya dicho con dos signos de interrogación como único protector de cabeza no es más que la belleza del mundo, que gira sobre su propio eje cada que nos sentimos desfasados por la más pequeña de las incertidumbres.

El único agente es el tiempo.

Nota: la importancia de hacer una ontología con casos gramaticales y aprovechándose de la metáfora informática a la manera de los teóricos posfreudianos del sueño. Porque, nos guste o no, el mundo es una aparato que se mueve solo y nosotros somos, más o menos, baterías. Como alguna máquina que todavía no se inventa, pero pronto. Pronto.

Se lo acaba de inventar

Es mucho más meritorio llamar la atención con algo inventado que esgrimiendo el conocimiento de la realidad. Mientras que en este ejercicio solo se exhibe la memoria, en aquel lo hacen el conocimiento de las formas, el control de las expectativas humanas (conocimiento profundamente psicológico) y, en sí mismas, la forma y la nada.

Sincero homenaje al sueño o del sueño y el recuerdo

Durante una hora o dos cada noche nos volvemos locos inofensivos.
Martin Gardner

¿Por qué dedicarle unas palabras
al sueño en que he sido
una corbata
al canto de una nube,
por qué creer que en ellos hay
algo más que disparates
si el despertar es este
y despierto el sueño
no alcanza
ni a ser recuerdo?

El día en que en el sueño
me despierte
y la lógica sea para mí
el ocaso del tiempo y la memoria
ese día
con el lápiz al revés
improvisaré una lengua
y de sus conjeturas haré nada.
Ese será mi sincero homenaje al sueño.

Personaje y síntoma

Personaje: Quién podría pensar que el ignaro que llevaba dentro no era de ninguna manera un hecho primitivo, sino la elaborada versión de un ser que arrastraba décadas de espantos familiares, mal curados por colegios católicos de altas e inútiles paredes, jamás maculadas, ni es sus inferioridades, por las manos adolescentes que pretendían doblegar.
Síntoma: En el peor de los casos, el paciente verá correr su vida entre sus manos, como si de una ejército de hormigas infernales se tratara, y demandará el peor de los castigos para su propia impiedad, encarnada en la falta de paciencia acompañada con el síntoma definitivo de una úlcera.