El trabajo de hoy, por excelencia, es convencer a los demás. Cuando no está detrás de ello la grosera manipulación, el reparo que se me ocurre ante tal vocación es todo aquello que para el retórico esforzado (a ojos abiertos o cerrados) es inseguro, aquello que él cree que es inseguro incluso para sí, y más si tomamos en cuenta que dentro de aquello que cree está incluida la idea misma de los demás a los que supuestamente convence.
Porque, eso sí que no, nadie puede ver por otro. Dos ojos ya son un poco demasiado.
3 comentarios:
Mi trabajo mas bien consiste en convercerlos de que me han convencido.
Estás del otro lado. Espero que no como siempre.
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